Bacardí, una historia de pasión por el ron, de oportunidades, emprendimiento económico y  sueños juveniles

Hoy vamos a recorrer la historia de una de las mayores destilerías de ron del mundo, Bacardí. Los primeros pasos comienzan a principios del siglo XIX en Cuba. En esa época, Cuba era todavía una colonia española, por lo que la emigración desde España era constante. Eso es exactamente lo que hizo Facundo Bacardí en 1830, cuando solo tenía 16 años. Era originario de Sitges, una ciudad portuaria del noreste de España, pero la mala situación económica le obligó a probar suerte en Cuba.

Desembarcó en Santiago de Cuba, la segunda ciudad de la isla, y encontró trabajo en una destilería local. Su propietario era un hombre llamado John Nunes, y en realidad fue una de las primeras destilerías de ron de la ciudad.

Bacardí

Facundo Bacardí probó varias cepas de levadura, diferentes concentraciones de melaza y agua, y ajustó el propio procedimiento de destilación.

En un principio, la Corona española había prohibido la producción de ron en sus colonias para proteger su costosa industria vinícola. La prohibición no se revocó hasta 1796, y John Nunes fue uno de los primeros productores de ron en volver a la acción. Por supuesto, el ron de entonces no tenía mucho en común con el que conocemos hoy.

Los orígenes del ron

Se producía de la misma manera desde el siglo XVI, y la gente de Cuba lo llamaba aguardiente, que literalmente significa “agua ardiente”.

Se elaboraba mezclando agua con melaza, el subproducto del refinado de la caña de azúcar. La mezcla resultante se dejaba fermentar, y después se hervía en un alambique y se condensaba, produciendo un líquido oscuro que tenía un 85% de alcohol. El aguardiente era tan fuerte que la mayoría de los cubanos no lo utilizaban como bebida, sino como medicina, mojándolo en toallas para aliviar los dolores de cabeza y para curar las heridas. En esencia, era una bebida para bucaneros, y lo que le faltaba en reputación, lo compensaba con creces en capacidad de quemar la garganta.

El ron Bacardí

El ron Bacardí se elaboraba mezclando agua con melaza, el subproducto del refinado de la caña de azúcar.

Facundo pasó muchos años produciendo aguardiente en la destilería de John, pero soñaba con crear una bebida más refinada. El primer paso para hacer realidad su sueño llegó en 1843, cuando se casó con Amalia Moreau, hija de un rico propietario de plantaciones que había servido en el ejército de Napoleón. Con el capital de su esposa, Facundo pudo comprar la destilería de John Nunes por 3.500 dólares en 1862, dando así origen a la destilería Bacardí.

El murciélago fue y es el símbolo de la buena fortuna

La propiedad que compró Facundo venía acompañada de una colonia de murciélagos de la fruta, que son símbolos de buena fortuna en Cuba y que más tarde pasarían a simbolizar la marca Bacardí. Con la destilería bajo su control, Facundo pasó meses perfeccionando su método de producción.

Probó varias cepas de levadura, diferentes concentraciones de melaza y agua, y ajustó el propio procedimiento de destilación. La fermentación de la melaza produce varios alcoholes diferentes, cada uno con su propia composición química, sabor y punto de ebullición. Los alcoholes más ligeros son los primeros que se evaporan durante el proceso de ebullición, y son en su mayoría una mezcla: Los ésteres desprenden un aroma afrutado y son agradables, pero el metanol es tóxico y no es apto para el consumo humano. Los alcoholes más pesados, llamados aceites de fusel, son una historia similar: son los responsables del sabor característico del aguardiente, pero también son los culpables de los desagradables dolores de cabeza que le siguen.

Un poco de experimentación y puro éxito

Aunque Facundo probablemente no tenía ni idea de la química que había detrás de todo esto, tras meses de experimentación finalmente averiguó con qué alcoholes quería quedarse.

El resultado final fue un ron de una calidad excepcional: el líquido era muy ligero, casi transparente, y no tenía los malos olores del aguardiente. Al principio, la gente acudía a su destilería para llenar sus jarras y barriles, pero una vez que Facundo vio la gran demanda que tenía su bebida, empezó a venderla en botellas.

El ron Bacardí, marcado con el dichoso murciélago de la fruta, se extendió como un reguero de pólvora y en 1868 ya se vendía en toda Cuba. Facundo era un hombre humilde y no tenía planes de expansión internacional, pero tras su muerte en 1886, su hijo Emilio tomó el relevo y tuvo ambiciones mucho mayores.

Emilio era un hombre ferozmente nacionalista, y de hecho había utilizado los recursos de Bacardí para apoyar a los revolucionarios cubanos en las tres guerras por la independencia de Cuba.

Esto le llevó a exiliarse a Marruecos en dos ocasiones, pero tras la independencia de Cuba en 1902, Emilio regresó y se convirtió en alcalde de Santiago, llegando a ser elegido para el Senado cubano.

El ron Bacardí

El ron Bacardí, marcado con el dichoso murciélago de la fruta, se extendió como un reguero de pólvora.

Durante estos años transformó a Bacardí en una de las mayores empresas de Cuba, que pasó a poseer plantaciones y destilerías en toda la isla. La marca Bacardí no extendería sus alas a nivel internacional hasta 1910, cuando Emilio abrió una planta de embotellado en Barcelona, cerca del lugar de nacimiento de su padre.

El objetivo internacional obvio de Bacardí era Estados Unidos, pero en 1919 los ratificaron la enmienda de la Prohibición. Sorprendentemente, la Prohibición no fue tan mala para Bacardí como se podría pensar.

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