María Cristina Jarrín habla sobre su vocación por el vino, ella es una comunicadora que impulsó una revista sobre las maneras de consumirlo

María Cristina Jarrín es de ascendencia francesa, vivió algunos años en Estrasburgo, una región vinícola de Francia. Allí no solo desarrolló el conocimiento por la bebida, sino el amor a la tierra. La vida la puso al frente de la revista gastronómica Vinnísimo, hasta que salió de circulación, en agosto del 2019, de esta experiencia ella sacó lo mejor.

«Son los regalos que da la vida porque nunca se sabe en qué familia va a caer. El mío es bicultural. Mi madre es hija de padre francés y madre española que se instalaron en el país en los años 40. Antes estuvieron en Argentina. Como todos los europeos que migraron en medio de esa época crítica en Europa, se quedaron acá y nunca más volvieron. Y el vino era un alimento más en la comida», dice María Cristina Jarrín, sobre sus comienzos.

María Cristina Jarrín

María Cristina Jarrín es de ascendencia francesa, vivió algunos años en Estrasburgo, una región vinícola de Francia.

María Cristina Jarrín formó parte de la oleada del vino que comenzó a inicios del siglo en el país. Como comunicadora impulsó la revista «sobre las maneras de consumo de esta bebida de la uva que ha acompañado a la humanidad por milenios, pero que en Ecuador recién se está formando en una tradición del vino».

Los vinos en Ecuador

«Al llegar acá no había mucho y menos el francés. Había un adelanto de ciertos vinos españoles, según contaba mi abuelo. Venían en damajuanas. Eran más dulzones, para el paladar ecuatoriano. No había los problemas de importación e impuestos como ahora y empezó a crecer un comercio de ciertos productos que se vendían desde luego en círculos restringidos.

«La gente que tenía dinero viajaba y estaba entrenada por la cultura francesa. En mi casa siempre hubo vino y quesos. Toda la vida comí eso. El vino es un alimento. A los niños se les daba el vaso de agua y le ponían tres o cuatro gotas de vino como para pintarlo. Eso te enseña que el vino es un complemento de la comida y no el beber por beber», dice María Cristina Jarrín.

vino ecuatoriano

«El vino era un alimento más en la comida», dice María Cristina Jarrín, sobre sus comienzos.

Sigue contando, María Cristina Jarrín, sobre el desarrollo vinícola en Ecuador: «Culturalmente, no tenemos relación con el vino y es una lástima. Cuando llegaron los españoles, si hubo unos primeros indicios de hacer vino. No vamos a hablar de calidad, simplemente que hubo vino. Luego hubo una cédula real que prohibía la producción de vinos en América porque comenzaron a hacer competencia a los que venían de España.

«La ventaja de Chile y Argentina es que, al ser tan australes, los controles eran menores. A partir de los años 50 y 60 llegaron cocineros de Europa a trabajar en los grandes hoteles o abrirse algún restaurante y empieza como una bebida de élite, y no como en los países productores que está en la mesa de todo el mundo. Costó y mucho».

El ‘boom’ en Ecuador

«Hace 15 o 20 años a lo sumo. Al principio la gente lo veía algo muy snob, pero realmente se da cuando empiezan las exportaciones directas desde Chile y Argentina. Fue alrededor del año 2000. La Cofradía del Vino comenzó en el 2002, y nosotros, como revista, en el 2005. La revista nació como una necesidad, aunque suene pretenciosa, de educar y orientar al consumidor. Los estantes se llenaban de vinos y la gente se sentía un poco perdida y temía quedar mal. Pero sí puede ser un mundo que se lo vea como algo snob y que dé recelo al que no es parte de él…

«Generalmente tenemos miedo a lo desconocido y, al no ser parte de nuestra cultura, es obvio que dé recelo. Es cierto que hay una etiqueta y unos rituales, que al principio pueden asustar. Algunos son exagerados. Creo que hay que hacer una clasificación: la gente que está en el mundo del vino de manera profesional y los que llegan por interés, pasar un buen momento, el disfrute», explica.

vino

«Generalmente tenemos miedo a lo desconocido y, al no ser parte de nuestra cultura, es obvio que dé recelo», explica Jarrín.

«Si te acercas al vino por placer hay ciertos conocimientos que se deben desarrollar para apreciar mejor la bebida. Disfrutas más el whisky, el ron o el vino cuando los conoces mejor. Detrás del vino hay una historia de gente, de trabajo, del perfil de una región, la creatividad de un enólogo que decide qué elementos debe preparar para elaborar su vino. Lo que tiene que hacer el consumidor es apreciar qué le gusta en un vino.

«Finalmente es el paladar de cada uno. El dicho “el mejor vino es el que a ti te gusta” es cierto, pero también hay que ser ‘open mind’ porque algunos se casan con una marca de vino», puntualizó María Cristina Jarrín.

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