Johnnie Walker inicia una campaña para sensibilizar a los jóvenes conductores

Una de tantas incongruencias de la vida: una marca de whisky fomentando la conducción segura. Como ver a una tabacalera haciendo campaña entre los enfermos de cáncer, o a un ballenero japonés cantando las virtudes del ecologismo. Pero si Pedro Martínez de la Rosa está de tu lado, la cosa cambia.

La marca Johnnie Walker y el piloto de McLaren Mercedes se reunieron ayer en el circuito catalán de Montmeló con un mensaje claro: el whisky, mejor solo. Como mucho, con cola. Pero nunca con gasolina.

De público, 64 personas de toda España, ganadores de un concurso en el que debían presentar ideas novedosas y originales para luchar contra el binomio alcohol-conducción. El premio era un cursillo de conducción segura de dos horas y media, impartido por instructores del Reial Automòbil Club de Catalunya, y una charla con De la Rosa.

«Yo no soy perfecto. Fui un amante de las dos ruedas, he tenido 16 años y he ido al cole sin casco», reconoció ayer De la Rosa. «Pero tengo mucha experiencia e intento acelerar el proceso de apredizaje de los jóvenes», añadió.

Claro que cuando uno conduce un monoplaza «irrompible» es más fácil hablar de seguridad en la conducción. «Pero mi primer coche fue el de mi madre, un Opel Corsa», especifica. «Y todos los jóvenes, al sacarse el carné, deberían hacer una clase en un circuito con su propio vehículo. La primera vez que entré en uno yo tenía 16 años, y aprendí más que en los siguientes cuatro años en carretera».

El cursillo de ayer incluyó una media hora de teoría y dos horas de práctica, simulando vuelcos y frenadas sobre superficie mojada. Despertó impresiones variopintas. «Si te soy sincero, a mí no me ha enseñado nada. Yo lo hago mejor», comentó Abel, gaditano de 35 años y conductor de ambulancias. Él fue uno de los tres afortunados a los que De la Rosa llevó a dar una vuelta, por el circuito. Otro de ellos, José María, barcelonés de 22 años, salió algo pálido del Mercdes, balbuceando algo sobre «vértigo» y «adrenalina». «Has aguantado bien, chaval», le animó el maestro, con una palmadita en la espalda.

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