Aunque todos los vinos contienen sulfitos, pues estos se generan durante la fermentación alcohólica, sí existen los vinos sin sulfitos añadidos

«Los sulfitos son unos derivados del azufre que se emplean como aditivos por sus propiedades conservantes, antifúngicas, antimicrobianas y antioxidantes. La polémica que ha surgido en torno a sus efectos para la salud ha llevado a demonizarlos. Buena prueba de ello es que algunas marcas de alimentación proclaman en el empaquetado de sus productos que están libres de estas sustancias», así los definen los especialistas en la materia.

Estos se  identifican con los códigos E220 a E228, siendo el primero, el dióxido de azufre o anhídrido sulfuroso, el más popular en la industria del vino. Aunque se producen de forma espontánea en procesos fermentativos, la normativa europea sobre la información alimentaria que debe facilitarse al consumidor a través del etiquetado obliga a declarar su presencia en productos que contengan una concentración superior a 10 miligramos por litro o kilo. Esta exigencia se debe a que son una sustancia alérgena.

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Sulfitos en el vino.

Causas de las controversias

  • Su ingesta puede producir una crisis respiratoria en personas que padecen asma. Para el resto de la población, los sulfitos son seguros siempre y cuando sean consumidos dentro de unos límites.
  • Interés creciente por lo natural va ligado a cierta quimifobia bajo cuya influencia se considera que cualquier aditivo es peligroso.
  • Son tóxicos en altas concentraciones, aunque en las cantidades que se encuentran en los vinos no son peligrosos, aunque se han dado casos de personas más sensibles que han desarrollado alergia o intolerancia a este producto.
  • Además, algunos vinos con dosis de sulfuroso elevadas pueden resultar algo cáusticos en el paladar.

De esta forma, se han convertido en uno de los principales argumentos de discusión entre dos formas antagónicas de entender la viticultura y la enología. Los productores de vinos naturales tienden a minimizar o evitar por completo su uso, mientras que los productores de vinos convencionales los emplean dentro de los límites previstos por la normativa. Al final, otros consideran que es más peligrosa la ingesta por alcohol que por sulfito.

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¿Vinos sin sulfitos?

Todos los vinos contienen sulfitos porque estos se generan de forma natural durante la fermentación alcohólica. Pero sí existen los vinos sin sulfitos añadidos. En cualquier caso, tanto los vinos convencionales, como los ecológicos y los biodinámicos pueden contener los añadidos. En cuanto a los vinos sin sulfitos añadidos, «si su concentración está por debajo de los 10 miligramos por litro, no tienen por qué advertir de su presencia en la etiqueta, mientras que si la concentración está entre 10 y 20 miligramos por litro la etiqueta puede indicar que contienen sulfitos no añadidos. Una concentración superior a 20 miligramos por litro sería complicada en un vino sin adición».

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Si la concentración está entre 10 y 20 miligramos por litro, la etiqueta puede indicar que contienen sulfitos no añadidos.

Desde los 90, la preocupación sobre las alergias e intolerancias a los sulfitos provocó una reducción drástica de la cantidad utilizada. A principios del siglo XX la dosis máxima autorizada era de unos 500 mg/l; actualmente esta proporción es de 150 mg/l para el vino tinto y de 200 mg/l para los blancos.

Recientemente está tomando fuerza el movimiento del vino natural, una corriente de producción con el mínimo de aditivos posibles, muchos de ellos sin sulfuroso añadido y que casi se pueden considerar una categoría aparte del vino convencional.

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