Vinos tapados con corcho vs los envasados Bag in Box, ¿cuáles son los beneficios de cada uno y en qué medida tienen razón los tradicionalistas?

Las tendencias de packaging no conocen de límites, cada día son más novedosas. Este año, sobre todo, han brillado muchísimo en el mundo del vino. Claro que las nuevas olas son superdisruptivas. Por un lado, los consumidores más conservadores extrañan las versiones más tradicionales vinos tapados con corcho y, por el otro, se encuentran lo que defienden que las nuevas formas de consumo acercan el vino a muchas más personas.

Algunos de los inconvenientes que presentan los Bag in Box (BiB), según Tecnovino, revista digital de la industria vinícola, «es que por un lado presentan un mayor nivel de ciertos compuestos carbonílicos, además de atributos sensoriales más bajos en relación con los vinos embotellados tapados con corcho».

Bag in box

Bag in box.

Bag in box: Básicamente un BIB es una caja de cartón que en su interior contiene una bolsa de características especiales que almacena el vino al vacío y evita la oxidación del líquido. Además, la bolsa posee un grifo dosificador para poder servir copa a copa el vino sin que quede expuesto a la oxidación.

La misma publicación también asegura «que ciertos compuestos relacionados con la frescura y fruta de los vinos son mucho más altos y frecuentes en el vino embotellado y tapado con corcho natural, que en los envasados en BiB».

Para llegar a estas conclusiones se analizan estudios que se centran en la composición volátil de las propiedades sensoriales de vinos tintos, tras ser envasados en Bag in Box y con botellas de vidrio tapadas con corcho natural.

La investigación y algunos resultados sobre los vinos tapados con corchos

«Los expertos tardaron un año en realizar el estudio completo, analizando sus muestras antes de ser envasados, tras 3 meses almacenados, y luego a los 6 meses y al año; recopilando el total de los datos para conseguir sus resultados y emitir estas conclusiones», asegura Tecnovino.

Las técnicas analíticas elegidas científicas para analizar  los compuestos volátiles fueron HS-SPME y GC-IT / MS y el resultado fue que «los vinos tapados con corchos retenían en mayor cantidad que los BiB, el dióxido de azufre. Estos datos concluyentes explican muy bien por qué la Fundación Instituto Catalán del Corcho siempre recomienda el uso de este método por encima del resto de envasados, como una contribución 100% sostenible que incide en una evolución positiva de los vinos en botella».

Los vinos tapados con corchos

Los vinos tapados con corchos retenían en mayor cantidad que los BiB, el dióxido de azufre

«Un tapón de corcho es una pieza de corcho que se pone en la boca de la botella, y sigue, es especialmente importante en la industria vinícola para conseguir una adecuada conservación del vino y del cava”, así declara la definición en medio de este acalorado enfrentamiento.

Desde el neolítico, «el vino se conservaba en recipientes cerámicos cuyas paredes le daban un tratamiento adecuado en cuanto a los procesos de su conservación de cara a la temperatura, la humedad, la luz, etc.». El problema radicaba siempre al sellado del contenedor que no se lograba totalmente hermético o para que resistiera un espacio importante de tiempo sin estropearse, de ahí que en la actualidad se defienda la importancia de los vinos tapados con corchos.

La otra cara de la moneda

«Más allá del sistema que obviamente debe garantizar la durabilidad del vino, uno de los aciertos más grandes del BIB es que nos da la posibilidad de llevar de un lado al otro el equivalente a 4 botellas de vino dentro de una caja superfácil de transportar, en un envase que no se rompe y teniendo la posibilidad de que, si sobra vino, llegue a buen término para otro encuentro conservando todas las propiedades del producto», concretamente esta es la postura de los modernistas.

BIB

A diferencia de los vinos tapados con corchos, BIB da la posibilidad de llevar de un lado al otro el equivalente a 4 botellas de vino dentro de una caja superfácil de transportar.

«Creemos que es un envase ideal para restaurantes porque permite ofrecer distintos tipos de vinos con distintos menús sin el riesgo que implica para el gastronómico abrir botellas y que el producto no rote. Con este envase no hay riesgos, el producto puede estar abierto durante semanas sin alterarse. Es el aliado perfecto para trabajar vino por copa», explica el Ing. Juan Carlos Muñoz, presidente y winemaker de una bodega argentina.

Lo cierto es que es un sistema que viene creciendo gradualmente hace varios años en todo el mundo. En algunos países como en Francia, durante la cuarentena, la inclinación del consumidor hacia el vino en este tipo de envases ha llegado a superar la del consumo de vinos tapados con corchos.

Lo importante es que cada consumidor tenga diversas alternativas para escoger y conozca cuáles son las potencialidades y las inconveniencias de cada una de ellas.

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