Con los vinos de Bodegas Atalaya, la impresión comienza nada más descorchar la botella y según los sirves en la copa se desata una auténtica explosión de fruta

Una apuesta de riesgo cuyo éxito es ya incuestionable, así se puede definir a Bodegas Atalaya, que resalta por su sencillez y lo genuino de su tierra. Allí, la labor de manos expertas hacen que hoy podamos disfrutar de exquisitos vinos.

La prueba de la buena reputación de sus vinos son las remarcables puntuaciones obtenidas por la Guía Peñín, además del éxito de ventas de Laya, un bestseller incuestionable. Junto a La Atalaya del Camino y Alaya Tierra se convertirán en la inversión perfecta para la temporada otoñal que está por llegar.

Bodegas Atalaya

Laya, La Atalaya y Alaya son ejemplo de lo que puede hacer sentir un vino de calidad, nos quedamos impactados.

Propiedad de la familia Gil, Bodegas Atalaya se encuentra en la provincia de Albacete, a 3 Km de Almansa, y pertenece a la DO Almansa. Los viñedos se encuentran a una altitud de 800 metros sobre el nivel del mar, y se cultivan en suelos compuestos de piedra caliza.

La región tiene un microclima continental suavizado por las delicadas brisas del mar Mediterráneo. Todos los vinos que elabora Bodegas Atalaya son tintos. Se elaboran a partir de las variedades autóctonas de uva Alicante bouschet (Garnacha Tintorera) y Monastrell (Mourvèdre).

Un placer llamado vino

Laya, La Atalaya y Alaya son ejemplo de lo que puede hacer sentir un vino de calidad, nos quedamos impactados. La impresión comienza nada más descorchar la botella. El color de los vinos según los sirves en la copa desata los primeros comentarios.

Todos quedamos impresionados con el rojo impenetrable; ese rojo picota llevado a su máxima expresión, gracias a que la pulpa de esta variedad es de ese color, diferente al de la mayoría, lo que además demuestra que el color no solo depende de la piel.

Además, sin temor a equivocarnos, podemos decir que son vinos «bonitos», y generalmente no me gusta usar este adjetivo, pero sin dudas este es uno de esos momentos en que se hace imprescindible.

Bodegas Atalaya

Los viñedos se encuentran a una altitud de 800 metros sobre el nivel del mar, y se cultivan en suelos compuestos de piedra caliza.

Cuando tomaron las riendas en 2007 los Gil de Jumilla, el compromiso con el terroir se hizo palpable en sus productos: relanzaron los vinos, la imagen y las marcas en 2010. Demostraron un valor y maestría incalculable a la hora de elaborar, criar y embotellar tintos elaborados con garnacha tintorera.

La zona de Almansa está plagada de viñedo de esta variedad y su inmensa mayoría se vende a granel a todo el mundo, o se destina, como mucho, a mezclarse en un muy bajo porcentaje con otras variedades más comunes, pero rarísima vez protagoniza vinos embotellados de calidad.

Bodegas Atalaya y la doma de la garnacha tintorera

La garnacha tintorera es una de las uvas más difíciles de domar para sacar lo mejor de ella. Bodegas Atalaya ha sabido hacerlo, con el buen saber hacer como herramienta, además de la experiencia de rescatar y sacar los mejor de las uvas más variopintas allá donde van.

Los viñedos en los que nacen tanto la garnacha tintorera como la monastrell que componen estos tintos tienen más de 40 años y están a una altura de más de 800 metros sobre el nivel del mar.

Bodegas Atalaya

Propiedad de la familia Gil, Bodegas Atalaya se encuentra en la provincia de Albacete, a 3 Km de Almansa, y pertenece a la DO Almansa.

El secreto para domar la garnacha tintorera ha sido develado por Miguel Gil, alma máter de estos tintos, quien puede hablar con conocimiento de causa, pues lleva trabajando décadas con las más diferentes variedades en muy distintas zonas de España.

Para él, la garnacha no lleva a engaño, que poco tiene que ver esta uva con la garnacha más conocida (la mítica de los tintos de Calatayud o de Campo de Borja, o los rosados navarros). En este caso, se trata de una uva denominada ‘Alicante Bouschet’ en el extranjero, y que fue fruto del cruce de la ‘grenache’ y la ‘petit bouschet’ francesas.

En Bodegas Atalaya no hay miedo al trabajo, y queda mucho por hacer. Los racimos cuelgan a ras de suelo, lo que influye negativamente en la uva y desde que se inició el proyecto se está realizando la poda para subir esos racimos.

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