Con el proyecto Barco del Corneta, Beatriz Herranz se reencuentra con el verdejo mientras estaba sumergida en la recuperación de viñas viejas

Nos encanta poder decir que la bodega Barco del Corneta se ha consolidado como una de las referencias clave de Castilla y León. Con ese proyecto finalizado, regresa a La Seca (Valladolid), a los viñedos familiares.

En este proceso, Beatriz Herranz se reencuentra con el verdejo mientras estaba sumergida en su afán de recuperación de viñas viejas de garnacha en Cebreros, elaborando un vino llamado La Fábula.

Barco del Corneta

En este proceso, Beatriz Herranz se reencuentra con el verdejo mientras estaba sumergida en su afán de recuperación de viñas viejas de garnacha en Cebreros.

A ella se une más tarde Félix Crespo, procedente de Belondrade & Lurton, para apostar juntos, y con una elaboración artesanal, por rescatar la esencia del Verdejo, respetando la identidad de la variedad, del suelo y del clima. Barco del Corneta, por tanto, es el fruto de su experiencia personal y profesional tras años vinculada al mundo de las viñas y el vino.

Te hace olvidar todo lo que habías dicho o pensado sobre la variedad Verdejo…

Entre sus maravillas, se encuentra Cucú cantaba la rana 2019, un vino que te hace olvidar todo lo que habías dicho o pensado sobre la variedad Verdejo. Además resalta el primer tinto de la casa, Prapetisco 2017, elaborado con la casi desaparecida Juan García y que se rige por las mismas normas que sus hermanos blancos: singularidad y originalidad.

Barco del Corneta

La trilogía de vinos denominada Parajes del Infierno son procedentes de viñas viejas.

En el año 2010 lanzaron el primer vino del Barco del Corneta, 300 botellas de un verdejo ecológico con fermentación espontánea con levaduras autóctonas. Un blanco limpio, con personalidad única que ha venido para quedarse. Se elabora al margen de la Do Rueda.

«Vi que había un nicho, una ventanita para un verdejo diferente; a algunos importadores no les cuadraba el tipo común de verdejo pero sí mi vino. En ese momento conseguí el primer importador de Japón y Alemania con los que sigo trabajando», explica Beatriz.

Barco del Corneta

En 2016 también se incorpora al proyecto Barco del Corneta Félix Crespo, un amigo de la universidad y experto en el mundo del vino: «Necesitaba una ayuda más profesional, me apetecía más compartir el proyecto con Félix».

La trilogía de vinos denominada Parajes del Infierno son procedentes de viñas viejas. Posteriormente se le unieron Las Envidias (antes Bruto, 1.000 botellas, 22 €), una cepa vieja de Palomino fermentada bajo un velo de levadura durante 24 meses, y Judas (700 botellas, 22 €), elaborado con uvas Viura plantadas en una parcela de 0,45 Ha en Villanueva de Duero de cultivo ecológico desde 1987.

También elaboran Prapetisco (2.000 botellas, 14 €) procedente de cepas de Juan García de 80 años que hunden sus raíces en suelos de granito y cuarzo a 670 metros de elevación. Este tinto se fermenta en depósitos de 1.000 litros con racimos enteros y con muy poca extracción. Tras la maloláctica en barricas maduradas, el vino se cría con sus lías durante un año.

MARCAS 

  • Cucú Cantaba la rana. Verdejo joven sobre lías.
  • Barco del Corneta.  Verdejo fermentado en barrica.
  • Prapetisco. Vino tinto de los Arribes del Duero de la variedad Juan García.
  • Parajes del infierno, La Sillería verdejo de viñas de más de 100 años fermentado y criado en barrica.
  • Parajes del infierno, El Judas, viura de viñas de 70 años fermentado y criado en barrica.
  • Parajes del infierno, Las envidias, palomino de viñas de más de 100 años criado en barrica con velo de flor.

Orgullo por la historia de Barco del Corneta

Beatriz Herranz y Félix Crespo cuidan las vides y elaboran los vinos con real orgullo, que proviene de la historia de Barco del Corneta, basada esta en los viñedos que poseía el abuelo de Beatriz en el pueblo de La Seca en Valladolid.

En esa zona, conocida como Cantarranas, a 700 metros de altura, se encuentran las cinco hectáreas y media de viñedos de la familia; están junto a un pinar que da nombre al Barco del Corneta y que solía ser el punto de encuentro de su familia durante las fiestas de la vendimia.

Barco del Corneta

Beatriz realmente entendió el cultivo de la uva y la vinificación fue en Gredos, donde se involucró en un proyecto para recuperar viñedos viejos de Garnacha en Cebreros.

La madre de Beatriz, que ayuda en el viñedo desde que se retiró de su trabajo de maestra, explica que en la zona existen viñedos desde el siglo XI. María Antonia Sanz replantó su viñedo familiar en 2008, cuando Beatriz estaba completando sus estudios de Agricultura y Enología.

Fue así que Beatriz aprendió la teoría, pero donde realmente entendió el cultivo de la uva y la vinificación fue en Gredos, donde se involucró en un proyecto para recuperar viñedos viejos de Garnacha en Cebreros produciendo un vino llamado La Fábula. También se hizo amiga del enólogo Félix Crespo, quien se unió a Barco del Corneta en 2016.

Barco del Corneta

En estos 12 años de travesía, su verdejo mimado hasta la última gota ha demostrado que se puede salir del guion para hacer cosas diferentes. 

En 2016 también se incorpora al proyecto Félix Crespo, un amigo de la universidad y experto en el mundo del vino: «Necesitaba una ayuda más profesional, me apetecía más compartir el proyecto con Félix. Entre los dos tomamos las decisiones de comercialización, viña, marketing…».

«Me aporta seguridad y tranquilidad», comenta orgullosa Beatriz. En estos 12 años de travesía, su verdejo mimado hasta la última gota ha demostrado que se puede salir del guion para hacer cosas diferentes.

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