Denis Pommier, productor de vino que obtuvo en 2010 el premio del mejor Chardonnay del mundo, cuenta la historia de su trabajo

El vino de Chablis es único, y esta tipicidad la hace posible las bondades de la tierra de la región francesa de Borgoña. Todo aquel que se considere un amante del buen vino debe tomar sus productos como referente mundial. Y es que los vinos que salen de esta tierra se cultivan de manera biológica, respetando al máximo la naturaleza. Denis Pommier tiene muy claro este desafío; es un productor de vino que obtuvo en 2010 el premio del mejor Chardonnay del mundo por su vino la ‘Croix aux Moines’.

Denis Pommier

Denis Pommier tiene muy claro este desafío; es un productor de vino que obtuvo en 2010 el premio del mejor Chardonnay del mundo por su vino la ‘Croix aux Moines’.

Las lágrimas de mi viñedo, si el bio pudiese hablar es un libro del periodista Antonio Rodríguez que cuenta la historia de Denis Pommier desde el mismo corazón de Borgoña. En esa región se produce el vino Romanée-Conti, el más mítico del mundo y es una de las protagonistas del citado libro.

También habla de sus famosos hospicios de Beaune, abadías como la de Fontenay donde los monjes cistercienses producían vino de mucha calidad y, claro está, sus grandes Crus blancos o rojos como los Sancerre, Peully, Montrache, Nuit Saint Géorge, Corton, Volnay Chambolle-Musigny. La característica de esos vinos es que solo usan dos cepas, el Pinot Noir para el tinto y el Chardonnay para el blanco.

Desde la vid hasta la prensa

Denis Pommier todos los días sale a recorrer el viñedo Chablis con la certeza de ofrecer vinos blancos incomparables. La mineralidad de los vinos proviene del establecimiento de Chardonnay en un suelo único en el mundo llamado Kimmeridgien. El suelo está compuesto por capas de piedra caliza muy compacta y margas arcillosas muy blandas que contienen organismos marinos fosilizados. Esta etapa geológica apareció hace 70 millones de años, cuando el mar retrocedió al final del período Jurásico.

Los racimos maduros

Los racimos maduros se clasifican rigurosamente durante la recolección para mantener su calidad óptima, así cuenta Denis Pommier.

«Desde la vid hasta la prensa, la uva no sufre ninguna transformación. Los racimos maduros se clasifican rigurosamente durante la recolección para mantener su calidad óptima», así cuenta Denis Pommier, y continúa diciendo: «La transformación de nuestras uvas siempre se realiza siguiendo procesos que transmiten el aroma, la calidad y el carácter al vino. Dependiendo del vino, vinificamos en tinas y barricas de roble de diferentes edades«.

Toda la vendimia también se ha convertido en una prioridad para el Domaine, que consiste en transportar la uva directamente desde la viña hasta la prensa mediante una cinta elevadora, sin ninguna manipulación. Esto permite un respeto óptimo de los racimos que permanecen intactos hasta el momento del prensado.

Cuando la uva está madura…

La vendimia se realiza únicamente cuando la uva está madura, lo que implica un seguimiento periódico de cada parcela: «Nos centramos en la selección cuidadosa y selectiva de la uva en el viñedo y a su llegada a la prensa. Los tintos también se seleccionan rigurosamente y luego se despalilla por completo para resaltar la fruta y dar una mayor intensidad a los aromas que desprende».

La vendimia

La vendimia se realiza únicamente cuando la uva está madura, lo que implica un seguimiento periódico de cada parcela.

Denis Pommier y su esposa Isabelle poseen una pequeña propiedad de poco más de 20 hectáreas, una característica de esos viñedos, a diferencia de los de Burdeos. «Su conversión a la producción biológica implica usar los recursos de la naturaleza para enfrentar los desafíos que esta impone. Tras varios años de trabajar de esa manera sus viñedos, el viticultor obtuvo por su milésimo la Croix aux Moines 2010 el premio del mejor Chardonnay del mundo. Un reconocimiento en el que participaron 900 concursantes de 35 países», dice Antonio Rodríguez en su libro.

Las crisis que enfrentan los productores

En 2016 se sucedieron una serie de catástrofes naturales como heladas, granizadas, enfermedad del viñedo y finalmente una fuerte sequía. Enfrentar a la naturaleza, las crisis económicas y la caída del consumo forma parte del universo de la gente que trabaja la tierra, en este caso la viña. «Refleja una historia universal: la de muchos agricultores. La naturaleza puede ser muy ingrata, precisamente con quienes la respetan más», dejó explicado Denis Pommier en el libro de Antonio Rodríguez.

Pero además, los productores de vino franceses enfrentaron en 2019 un enemigo comercial: el expresidente Donald Trump, quien decidió imponer un impuesto adicional del 25% a las importaciones de vinos franceses, por un contencioso relacionado con las subvenciones europeas a Airbus. Ese tipo de amenaza podría ser tanto o más peligrosa que el cambio climático.

Denis Pommier resume sus ganas y su lucha por producir un vino respetuoso de la tierra, del arte de la viña y del que lo disfruta con las palabras de uno de los jóvenes que participa en la vendimia: «Esta generación no quiere ser envenenada».

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