Historiador niega que el vodka sea el opio del pueblo ruso

El vodka no es el opio del pueblo ruso, ni la causa de todos sus males, sino una de sus mayores invenciones, según sostiene el historiador Alexandr Nikishin, director del primer museo dedicado a esta bebida nacional.

‘Es curioso que los inventores del vodka, los rusos, tengan esa relación tan negativa con su propio invento. Mientras, el resto del mundo ha aceptado el vodka con los brazos abiertos’, declaró a Efe Nikishin, autor del libro ‘El Vodka y Stalin’.

Con la intención de lavar la imagen negativa del vodka, Nikishin inauguró hace unos días en Moscú un museo dedicado exclusivamente al vodka en las instalaciones de Kristal, la primera fábrica estatal de vodka de Rusia, fundada en 1901.

En el museo se pueden ver más de 50.000 objetos de coleccionista como el sofá donde murió Piotr Smirnov, el empresario ruso que amasó una fortuna con la venta del vodka hasta que el último zar, Nicolás II, impuso el monopolio estatal sobre esta bebida a finales del siglo XIX.

‘Smirnov murió deprimido en 1898. Su hijo, Vladímir, vendió la licencia en 1934 y, hoy en día, los americanos se hacen de oro con la marca Smirnoff y una producción de 1,5 millones de botellas diarias’, señala.

Nikishin dedicó los últimos ocho años a coleccionar miles de botellas, sacacorchos, vasos, jarras, alambiques, letreros y otros objetos con el fin de rendir homenaje a esta bebida, cristalina como el agua, pero funesta si se bebe en exceso.

La sección más rica es la relativa a la primera ‘ley seca’ de la historia de Rusia, introducida por Nicolás II en agosto de 1914, con el objetivo de dedicar la producción de alcohol a la cura de los heridos en la Primera Guerra Mundial.

La ley seca fue refrendada por los bolcheviques con la prohibición de la venta de alcohol en junio de 1918, pero la abolieron por impopular en 1925.

El último dirigente de la extinta Unión Soviética, Mijaíl Gorbachov, lanzó nada más asumir el poder en 1985 una campaña nacional similar contra el alcohol, pero tuvo una pésima acogida entre la población.

‘Hay que tener mucho cuidado cuando uno intenta cambiar los hábitos del pueblo ruso. Mira lo que le pasó a Nicolás II y a Gorbachov, la ‘ley seca’ fue uno de los detonantes de su caída’, señala Nikishin.

El historiador, de 51 años, considera un ‘mito’ la afirmación de que los rusos beban más que los españoles, los ingleses o los alemanes, lo que ocurre ‘es que no saben beber’.

‘Los rusos beben en señal de protesta. Sin medida ni control.

Nadie se ha molestado en estudiar cómo se debe beber el vodka para que no sea pernicioso para la salud’, señala.

El famoso científico ruso, Dmitri Mendeleyev, autor de la Tabla Periódica de Elementos químicos, fue el único que intentó a finales del siglo XIX estandarizar la graduación alcohólica del vodka.

‘Ni más ni menos. 40 grados es lo ideal’, sentenció.

A pesar de que el alcoholismo causa del 30 por ciento de las muertes en Rusia (40.000 anuales), según reveló a Efe la Asociación Nacional de Alcoholemia (ANA), Nikishin mantiene que el vodka, en su justa medida, ‘tiene propiedades medicinales’.

‘El vodka ya no es una bebida rusa, sino global. Rusia ha conquistado el mundo con el vodka, lo que demuestra que no es ningún veneno. El vodka es mejor que el ballet o los tanques’, asegura.

Nikishin alecciona al interesado: ‘El vodka no debe beberse nunca solo. Lo ideal es beber al tiempo que se toma un plato caliente, preferiblemente sopa, aunque también va bien con pepinillos’.

‘El vodka no es como el vino, no se puede saborear. Fue inventado para tomar en compañía de amigos’, apunta Nikishin, y añade que el vodka ruso es mucho mejor que el estadounidense, ya que ‘éste se elabora con agua destilada’.

Según los historiadores, las primeras referencias al vodka aparecen en tiempos del zar Iván III alrededor del año 1450, después de que presuntamente monjes rusos dieran con la fórmula del nuevo brebaje.

La afición de los rusos al consumo desmedido de alcohol proviene de tiempos de Pedro I, que castigaba la impuntualidad obligando a sus súbditos a beber diez litros de vodka, ‘tortura’ que en ocasiones les costaba la vida.

Stalin, que dirigió los destinos de la URSS entre 1924 y 1953, utilizaba el vodka como herramienta para comprobar la lealtad de sus colaboradores más cercanos o reducir la resistencia de sus rivales durante las negociaciones.

‘Stalin nos hacía beber mucho, por lo visto para que se nos soltara la lengua, no pudiéramos controlar lo que decíamos y saber así lo que realmente pensábamos’, señalaba Anastás Mikoyán, uno de sus principales colaboradores.

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