Carles Bonnin es un maestro coctelero de 21 años de oficio, actualmente en La Destilateca elabora destilados totalmente artesanales y personalizados

«Yo no haré un licor de café o mandarina, porque ya existen, mi camino es innovar con mezclas arriesgadas», dice Carles Bonnin. Desde el día en que dejó su su trabajo de contable por la coctelería no para de innovar.

Primero abrió un pequeño bar en Cadaqués, donde partía de cero como barman: “Los clientes me fueron enseñando a preparar sus cócteles preferidos; formación auténtica y gratuita”.

Carles Bonnin

«Yo no haré un licor de café o mandarina, porque ya existen, mi camino es innovar con mezclas arriesgadas», dice Carles Bonnin.

Y luego, en 2010, explica, de vuelta a Barcelona, con Bars7tBarcelona, fue pionero en coctelería de autor para eventos, con encargos de nivel como, entre otros,“la boda del hermano de Elon Musk o una fiesta con Sean Penn, Idris Elba y Bardem…”.

Estas experiencias le permitieron definir su verdadero camino, hacer sus propias creaciones. Fue el comienzo de licores y destilados artesanales que nacieron de manera experimental en sus alambiques de cobre.

«Lo primero que destilé —recuerda— fue nada menos que una vieja bota de montaña. Es que se puede destilar todo. Ahí entendí perfectamente el proceso: cómo se separa cada aroma, cada ingrediente…, cómo se desestructura todo. Ví que se podían hacer cosas muy chulas en este terreno”.

Siempre tuvo claro el enfoque del nuevo negocio: debía estar vinculado a la gastronomía. “Yo no haré un licor de café o de mandarina, porque ya existen y no puedo competir con grandes marcas».

«Mi camino es innovar. Mezclas arriesgadas pero que funcionan. Estudiamos mucho antes los ingredientes, pero sin miedo. La mayoría son ingredientes que podrías encontrar en una cocina, pero no hallarías habitualmente en una fábrica de licores», agrega.

Carles Bonnin y el chef Carles Tejedor

Carles Bonnin y el chef Carles Tejedor han hecho buena mancuerna. Su reencuentro se debe a la creación de una ginebra exclusiva con la que el chef quiere celebrar «que estamos bien», entre tanta situación dramática fruto de la pandemia.

Carles Bonnin

Carles Bonnin se declara un eterno explorador, dice que el secreto se encuentra en no dejar morir la creatividad.

Hoy ajustan los matices de Gin-fonic, con la que Tejedor quiere obsequiar a sus amigos: una ginebra «fresca, creativa y humilde», que le identifica, «con toques a Asia, Estados Unidos, Inglaterra», muchos de los países a los que le ha llevado su alta cocina.

La solidaridad fue la causa de la unión entre Carles Bonnin y el chef Tejedor: «Ante la falta de alcohol para desinfección de manos, Carles Bonnin se ofreció a facilitarlo desde la Destilateca y el chef contactó con él.

Tejedor lo necesitaba para los voluntarios, ya que realizó una gran labor solidaria: a través de la World Central Kitchen, junto al chef José Andrés, repartieron 400.000 comidas en Cataluña, más de tres millones en España».

Fuente: La Vanguardia