Vargas y Miguel Mayoral, responsable del viñedo de la bodega, comenzaron el año pasado a experimentar con la empresa riojana Enosat para dar un paso más allá en la viticultura de precisión. Juan Ignacio Alonso y Juan García del Moral, socios de Enosat, se propusieron adaptar un sistema empleado en los inmensos campos de cereal americanos al viñedo riojano: la teledetección, pero mucho más cercana y accesible que las fotografías por avión o por satélite que han desarrollado las grandes multinacionales y que han dado algún que otro disgusto a quienes encargaron la foto y después comprobaron que, como estaba nublado, no tenían la información esperada. A bordo de un quad, que incorpora dos sensores capaces mediante la emisión de un haz de luz de captar toda la información por infrarrojos cepa por cepa del estado vegetativo de las plantas, obtienen un gran número de mapas de las fincas por la decodificación de los datos matemáticos que captan los sensores. El quad es capaz de recorrer 6,5 hectáreas en una hora y ofrecer información más precisa y detallada que la fotografía por satélite de las fincas de Ygay. Experiencia y matemática Juan Ignacio Alonso y Juan García del Moral interpretan esa información y la traducen en mapas con los que María Vargas y Miguel Mayoral estudian el estado de cada una de las cepas: si necesitan agua, nutrientes, si precisan descargas de vegetación, aclareo de racimos... y, sobre todo, comprenden, aún más si cabe, sus viñedos: «Ygay tiene 150 años y sabemos perfectamente cómo son las parcelas, pero estamos empezando a entender cosas para las que no teníamos explicación», explica María Vargas. Es curioso comprobar cómo la enóloga conoce como la palma de su mano las 300 hectáreas de Ygay, pero Juan Ignacio Alonso se pierde con el coche en el campo, pese a que sería capaz de poner nombre, una a una, a las cepas en los mapas de teledetección: «Mi trabajo está en el ordenador», se justifica entre risas. María Vargas arranca un racimo e invita a seguirla a una zona más alta de la misma parcela donde la vegetación es más verde e intensa: «Prueba este grano y ahora, este otro». El hollejo del primero, aunque aún queda más de una semana para la vendimia, es terso, sabroso y grueso, aunque mucho menos que el segundo. En el mapa, el primero está identificado en una zona de poco vigor y el segundo, en una de mayor vigor: «La experiencia dice que el poco vigor es bueno para las viñas, pero, en este año cálido, las uvas con más vigor están mejores». «A esa información me refiero -continúa-; no damos nada por hecho y con este sistema de teledetección, año a año, vamos a dar respuesta a muchas preguntas». Pionero en el mundo El programa de investigación, pionero en todo el mundo aplicado a la vid -estos aparatos se han utilizado también para mantener campos de golf- y al que se suma la colaboración de José Miguel Peña, profesor titular de la Universidad de La Rioja, supera la tecnología por satélite: «Es más barata; mucho más accesible para viticultores y bodegas, más rápida, ya que en un día tenemos la información y la foto aérea tarda quince días; más precisa, y permite además hacer las pasadas que haga falta en la floración, cuajado, envero...», explica Juan Ignacio Alonso. «Yo soy doctor en Ciencias -continúa- e hice una tesis de investigación aplicable a la realidad, pero ahora estamos investigando una tecnología diferente, más metodológica y aplicable». Alonso está convencido de que esto no es más que el comienzo: «Estamos trabajando en un programa para que Márqués de Murrieta pueda tener la información de inmediato el año que viene: una tarjeta que del propio quad pese al ordenador y traduzca los datos». Es la viticultura de precisión, que Miguel Mayoral prefiere llamar de previsión: «La gran ventaja es que te permite corregir situaciones no deseables, preverlas». Por el momento, Murrieta aspira a recibir el mayor número de información: «Estamos delimitando zonas intrapercelarias, entramos a actuar en el campo durante el ciclo vegetativo y estamos vinificando y criando vinos por separado para ver cómo se comportan». «Tenemos -continúa- un campo extraordinario de trabajo por desarrollar». |