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Vino Submarino

El langreano Javier Domínguez, buzo profesional, ponía fin en Lastres a uno de sus sueños más recurrentes: «Evolucionar buenos vinos en una bodega bajo el mar, un medio muy favorable para su envejecimiento y crianza». Ayer, después de tres meses en el lecho marino, las doce primeras botellas llegaban a tierra con la intención de realizar «la cata inicial, con especial interés en testar la evolución del vino y el lacre del corcho ». Le acompañaban Luis Rodríguez, propietario de la bodega alavesa D Luis R, y Juan Mateos, el más cercano y fiel colaborador del bodeguero riojano.

Javier Domínguez

Javier Domínguez

La cata sirvió para acompañar una copiosa y selecta comida en el restaurante Casa Eutimio. A la hora del café, Rodríguez y Mateos ofrecían su primera impresión, la que vale: «El resultado es muy positivo, el vino mantiene el color sin alteraciones ni oxidaciones. Constatamos una evolución favorable y única en aromas y sabor. Los aromas son elegantes y finos. Y nos sorprende encontrar un vino redondo y un envejecimiento diferente al que se consigue en tierra», matizaron.

Con un diagnóstico favorable, el buzo asturiano explicaba sus proyectos de futuro: «Quiero mantener una bodega submarina en el mar de Lastres, con capacidad para 1.218 botellas que saldrán a la superficie cada seis meses y esa será mi única producción». Las codiciadas botellas estarán a 24 metros de profundidad, donde la variación de la temperatura «es de uno o dos grados a lo largo del año». No se verán afectadas por alteraciones luminosas porque «al ser el agua muy densa no permite que se filtren rayos solares nocivos». Yla presión atmosférica allí abajo «triplica la que hay en tierra».

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Para Domínguez, el vino es «un organismo vivo que sometido a esos parámetros hará posible un envejecimiento diferente». Es más, no duda en afirmar, porque así lo estudió en libros de literatura vinícola al uso, que «el envejecimiento durante seis meses en el mar es el equivalente a siete años en tierra».

La sintonía entre el buzo y el bodeguero es total. El primer contacto lo realizó el propio Domínguez al acudir a la bodega D Luis R, ubicada en la localidad alavesa de Lanciego, una factoría con viñedos propios entre el río Ebro y la sierra de Cantabria situados a entre 450 y 700 metros de altitud. En ese microclima, de terreno arcilloso calcáreo, la bodega elabora «un vino importante que en aguas del Cantábrico transformaré en otro mejor», sostenía en la tarde de ayer Javier Domínguez, que está a la espera de que la tramitación definitiva de los permisos concluya «a finales del mes de julio».

La misión de la bodega será poner en manos del buzo «tintos de crianza y apoyarle en una tarea común», según explicaba Luis Rodríguez, cuyos vinos están presentes, «con mucha rotación», en los principales restaurantes españoles avalados por una constelación de estrellas Michelín.

Con esos mimbres, Domínguez está convencido de que su cometido será el de «fomentar una pequeña producción, en la que prime la calidad sobre la cantidad, en aguas limpias y abiertas, y sin tráfico portuario».

¿Dónde piensa ubicar sus jaulas de oro el futuro bodeguero submarino asturiano? «Cerca de la costa, al oriente del puerto pesquero de Lastres», con una ocupación mínima del fondo marino y donde ya prosperan cultivos de algas.

Si se cumplen los plazos previstos, será posible probar los primigenios caldos en los primeros días de 2016. La bodega D Luis R se encarga se suministrar el vino pero el proceso de envejecimiento corre exclusivamente a cuenta de Domínguez, quien tendrá que crear su propia marca y será el responsable de la comercialización. La idea es que el fruto de la vid envejecido en el mar salga a la venta en tiendas gourmet, en restaurantes de prestigio, pero sobre todo a través de internet.

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